Comparar inversiones por riesgo y liquidez consiste en ordenar cada opción según dos preguntas: cuánto puede llegar a caer tu dinero por el camino y con qué rapidez —y a qué precio— puedes recuperarlo si lo necesitas. Con esos dos ejes sobre la mesa, las cuentas remuneradas, los depósitos, las letras del Tesoro y los fondos monetarios ocupan la zona de riesgo bajo y liquidez alta; los fondos indexados y las acciones de dividendo asumen vaivenes serios a cambio de más rentabilidad esperada; y la vivienda en alquiler o un negocio propio pueden rendir más, pero atan el capital durante años. En este artículo tienes la tabla completa, con los mismos criterios para todas las opciones.
Soy Andrés Larrañaga, economista, y llevo media vida respondiendo a la misma pregunta en cenas familiares: «¿y tú dónde meterías el dinero?». Mi respuesta corta no cambia: todo rinde algo; la pregunta es a cambio de qué. El problema de casi todas las comparativas que circulan es que cada una analiza su producto con sus propias reglas: el banco te enseña su fondo, el vendedor de pisos su rentabilidad bruta y el gurú de turno su método. Aquí vamos a sentar a todas las opciones en la misma mesa y a medirlas con la misma vara.
Los cuatro criterios que pongo siempre en la misma mesa
Cuando alguien me pregunta si tal o cual inversión «es buena», mi respuesta es que la pregunta está incompleta. Ninguna inversión es buena o mala en abstracto: es adecuada o inadecuada para una persona concreta, y eso solo se puede juzgar con cuatro criterios a la vez.
- Rentabilidad realista. No la del mejor año ni la del folleto: la que cabe esperar de media en periodos largos, con números conservadores. Prefiero quedarme corto que inflar una expectativa.
- Riesgo. Cuánto puede caer tu dinero por el camino y, sobre todo, si esa caída puede ser permanente o es un vaivén temporal del que se suele salir esperando.
- Liquidez. Con qué rapidez conviertes la inversión en dinero en tu cuenta, y si al hacerlo con prisa pierdes valor por el camino.
- Tiempo de dedicación. Las horas de tu vida que exige cada opción: formarte, gestionar, vigilar. Para la mayoría de la gente con trabajo e hijos, este criterio descarta más opciones que los otros tres juntos.
La rentabilidad ya la mira todo el mundo. El riesgo, solo cuando llega el susto. La liquidez y el tiempo, casi nadie hasta que hacen falta. Por eso este mapa ordena las opciones por los dos criterios olvidados.
La tabla: todas las opciones frente a frente
Esta es la tabla que me habría gustado encontrar cuando empecé. Las cifras son orientativas y conservadoras a propósito: rangos razonables para periodos largos, no promesas. Ninguna rentabilidad futura está garantizada, y cualquier opción puede rendir por debajo de su rango en un año concreto.
| Opción | Rentabilidad anual orientativa | Riesgo | Liquidez | Dedicación |
|---|---|---|---|---|
| Cuenta remunerada | 1–3 % | Muy bajo | Inmediata | Nula |
| Depósito a plazo | 1–3 % | Muy bajo | Baja hasta vencimiento | Nula |
| Letras del Tesoro | Según subasta (0–4 % en la última década) | Muy bajo | Media (mercado secundario) | Baja |
| Fondo monetario | Similar a las letras, menos comisiones | Muy bajo | Alta (días) | Nula |
| Fondo indexado global | 5–7 % de media a muy largo plazo | Medio-alto (caídas del 20–50 % posibles) | Alta (días) | Muy baja |
| Acciones de dividendo | 3–5 % de dividendo, más la variación del precio | Medio-alto | Alta | Media |
| Vivienda en alquiler | 3–6 % bruta, bastante menos neta | Medio | Muy baja (meses para vender) | Alta |
| Negocio digital propio | Muy variable: de pérdidas a rentabilidades altas | Alto | Baja | Muy alta |
| Sistema de inversión automatizado | La que acredite su historial auditado | Medio-alto | Media-alta | Baja |
Tres aclaraciones honestas. Primera: en las letras, el tipo cambia en cada subasta; el dato fiable siempre es el de la web oficial del Tesoro Público, no el titular de hace tres meses. Segunda: en la vivienda, la rentabilidad que te cuentan suele ser bruta; réstale IBI, seguros, comunidad, mantenimiento, periodos vacíos e impuestos, y el número queda bastante más humilde. Tercera: en los sistemas automatizados no hay rango que valga sin un historial verificable y auditado; sin eso, no son una opción de inversión, son un acto de fe.
Riesgo: la palabra que más se malinterpreta
La mayoría de la gente usa «riesgo» como sinónimo de «posibilidad de perderlo todo». En inversión conviene separar dos cosas muy distintas: la volatilidad y la pérdida permanente.
La volatilidad es el vaivén: un fondo indexado global puede caer un 20, un 30 o incluso un 50 % en una crisis seria, y lo ha hecho varias veces en el último siglo. Es un mal trago, pero históricamente las carteras globales diversificadas han terminado recuperándose con los años. El riesgo de verdad, el que quita el sueño con motivo, es la pérdida permanente: la empresa concreta que quiebra, el piso comprado carísimo en la zona equivocada, el capital metido en un producto que nadie supervisa.
Aquí va mi regla más repetida: la probabilidad de pérdida permanente se dispara cuando concentras (todo en una empresa, en un piso, en una moda) y cuando inviertes en algo que no puedes verificar. Antes de poner un euro en cualquier producto o entidad, comprueba que está supervisado y que no aparece en las advertencias de la CNMV sobre entidades no autorizadas: los llamados chiringuitos financieros siguen cazando ahorradores prudentes cada año, precisamente porque prometen lo que ninguna inversión seria promete.
Liquidez: la pregunta que casi nadie hace a tiempo
La liquidez es la gran olvidada porque solo importa cuando importa muchísimo: una avería seria, un despido, una oportunidad. Y no es solo «cuánto tardo en recuperar el dinero», sino «a qué precio puedo salir si tengo prisa».
Un fondo indexado o monetario se vende en días y al precio de mercado del momento, que puede ser bueno o malo. Un depósito suele poder cancelarse, pero penalizando los intereses. Una letra puede venderse antes de vencimiento en el mercado secundario, con la posibilidad de recibir algo menos de lo previsto si los tipos han subido. Y un piso está en el extremo contrario: entre decidir vender y tener el dinero en la cuenta pueden pasar muchos meses, y si necesitas vender rápido, el descuento lo pones tú.
Mi forma de ordenarlo es una escalera de tres peldaños: primero un colchón de emergencia en liquidez inmediata (cuenta remunerada o monetario), después el dinero con horizonte de años en activos líquidos pero volátiles, y solo al final —si sobra capital y te compensa la dedicación— las opciones que atan el dinero, como el inmobiliario o un negocio.
Cómo se combinan los criterios según tu situación
El mapa no sirve de nada sin la pregunta incómoda: ¿qué encaja contigo? Tres situaciones que veo constantemente:
- Todavía sin colchón de emergencia. Si no tienes entre tres y seis meses de gastos aparcados, tu «mejor inversión» es aburridísima: cuenta remunerada o fondo monetario. Para ti sí: liquidez máxima. Para ti no: cualquier cosa que te ate el dinero o pueda caer un 30 % justo cuando lo necesites.
- Nómina estable, poco tiempo y horizonte largo. Es el perfil que más se beneficia de la sencillez: colchón resuelto y aportación mensual automática a un indexado global de comisiones bajas, asumiendo por escrito —mejor literalmente, en un papel— que habrá años malos y que no venderás en ellos. Para ti sí: opciones de dedicación casi nula. Para ti no: negocios, pisos y todo lo que exija horas que no tienes.
- Capital ya formado y ganas de rentas periódicas. Aquí entran los dividendos, el alquiler y, para la parte que quieras desatender, los sistemas automatizados: siempre con historial auditado, con dinero que no necesites a corto plazo y empezando con importes pequeños. Para ti sí: diversificar las fuentes de renta. Para ti no: concentrar la mayor parte del patrimonio en una sola de ellas.
Fíjate en que ninguno de los tres perfiles «acierta el mejor activo». Los tres resuelven la misma ecuación con datos distintos: su riesgo tolerable, su necesidad de liquidez y su tiempo disponible.
Los errores que más veo al comparar inversiones
- Comparar rentabilidades de años distintos. El año estelar de la bolsa contra el año mediocre de las letras, o al revés. Solo tienen sentido los periodos largos y los mismos periodos para todos.
- Ignorar comisiones e impuestos. Un fondo con un 2 % de comisión anual le come al interés compuesto una parte enorme del resultado a veinte años. Y la rentabilidad que cuenta es siempre la neta.
- Confundir «lo entiendo» con «lo controlo». Entender cómo funciona un piso no te da tiempo para gestionarlo, ni conocer la bolsa te da estómago para ver tu cartera un 30 % abajo.
- Decidir por titulares. Cuando una opción llega a las sobremesas, su mejor momento suele haber pasado. La comparativa fría protege de la moda caliente.
- No decidir nada. El dinero parado también es una decisión: con inflación, es aceptar una pérdida pequeña, silenciosa y segura de poder adquisitivo cada año.
Mi conclusión: todo rinde algo; la pregunta es a cambio de qué
Si te llevas una sola idea de este mapa, que sea esta: no existe la inversión buena, existe la inversión que encaja. Las opciones tranquilas pagan poco a cambio de sueño reparador y salida rápida. Las rentables oscilan y piden años. Las que más prometen exigen horas, estómago o las dos cosas. Mi método —y el de este blog a partir de hoy— es sentarlas todas en la misma mesa, con números conservadores y con la letra pequeña a la vista, e ir bajando a cada opción en detalle en los próximos artículos. Tu trabajo no es adivinar el activo ganador: es elegir, con criterios propios, la combinación que puedas mantener diez años sin perder el sueño ni el tiempo que no tienes.
Preguntas frecuentes
¿Qué inversión tiene la mejor relación entre riesgo y liquidez?
Para dinero que puedas necesitar pronto, los fondos monetarios y las cuentas remuneradas: riesgo muy bajo y salida en horas o días. Para dinero con horizonte de muchos años, un fondo indexado global ofrece liquidez alta con un riesgo que se compensa históricamente con el plazo. No hay opción con riesgo bajo, liquidez alta y rentabilidad alta a la vez: quien te la ofrezca, te está ocultando uno de los tres datos.
¿Riesgo y volatilidad son lo mismo?
No. La volatilidad es el vaivén del precio por el camino, y en carteras diversificadas suele superarse esperando. El riesgo grave es la pérdida permanente: quiebras, fraudes o compras concentradas en el activo equivocado. Diversificar y verificar que el producto está supervisado reduce el segundo, que es el que de verdad importa.
¿Qué parte de mis ahorros debería mantener en inversiones líquidas?
Como mínimo, un colchón de emergencia de entre tres y seis meses de gastos en liquidez inmediata, antes de invertir un solo euro en activos volátiles. A partir de ahí depende de tu estabilidad de ingresos: cuanto más inciertos, mayor debe ser la parte líquida de tu patrimonio.
¿Las letras del Tesoro son la opción con menos riesgo?
Están entre las de menor riesgo de crédito, porque el emisor es el Estado. Pero no son perfectas: el tipo cambia en cada subasta, vender antes de vencimiento puede suponer recibir algo menos y su rentabilidad puede quedar por debajo de la inflación. Son un buen aparcamiento a corto plazo, no un plan completo de inversión.
¿Cada cuánto conviene revisar esta comparativa?
Una o dos veces al año, y siempre que cambie tu vida: ingresos, familia, horizonte. Los rangos de rentabilidad de la tabla se mueven despacio, pero los tipos de interés y tu situación personal no. Revisar más a menudo suele empujar a perseguir modas, que es justo lo que una buena comparativa evita.


